Nombre de guerra: Val
Nacionalidad: Venezolana
Edad: 22-23
Forma de Contacto: 600338515
Fecha aproximada: está semana
Lugar: Mi casa, pero primero la recogí en la suya
Precio: 100 la hora más lo que le di para el taxi de vuelta que al final no necesitó
Cara: Morena de ojos claros, de esas que cuando te fijas bien te das cuenta de que tienen algo especial. Pelo largo y suelto. Sonrisa fácil.
Cuerpo: En forma sin ser una locura. Brazos tonificados, cintura estrecha, culo redondo que se nota hasta con ropa normal.
Pecho: Natural, pequeño pero firme. Pezón moreno, de los que responden rápido.
Culo: De los buenos. Levantado, con forma de gota, ni muy grande ni muy pequeño. Cuando se giró en la cama tuve que contenerme para no lanzarme de golpe.
Piercings y tattos: Un tatuaje pequeño en el antebrazo, una flor o algo similar.
Francés: Muy bueno. Sabe lo que hace, usa la lengua, te mira, se toma el tiempo que hace falta.
Forniqueo: Activa. Se mueve ella, cambia posturas, empuja. No es de las que se quedan ahí como un saco.
La experiencia:
Llevaba un par de días dándole vueltas al tema. Había visto comentarios de Val por aqui y el número lo tenía guardado. El el otro día por la tarde me decidí. Le escribí, me contestó rápido y le planteé la idea: qué tal si paso a buscarla por su casa, nos vamos a la mía y luego la dejo de vuelta. Me dijo que sí sin problemas.
Quedamos a las ocho. Me dio la dirección. Llegué puntual, la estaba esperando en el coche y salió a los dos minutos. Llevaba unos leggins claros y una sudadera, el pelo recogido en una coleta. Se montó, me dio dos besos y arrancamos. El viaje nos tiempo suficiente para ir conociéndola. Hablamos de chorradas, de por dónde vivía ella, de si hacía mucho que estaba en Madrid. Se mostró simpática, sin la típica tensión de los primeros momentos.
Llegamos a casa, subimos y ya dentro la cosa cambió. Se puso más cercana, más suelta. Estuvimos un rato en el sofá con una cerveza que saqué del frigo. Me contó que estudiaba algo por las mañanas, que llevaba un año en esto y que lo llevaba bien. La conversación fluyó.
Pasamos al dormitorio. Me gustó que no hiciera postureo. Nada de movimientos exagerados ni poses raras. Empezamos a besarnos y ya noté que el cuerpo le pedía más. Besa bien, con ritmo, sin prisas pero sin parar. Se fue quitando la ropa y ese cuerpo fue apareciendo poco a poco. Delgada pero con curvas, esa cintura que se estrecha y luego el culo que asoma. Se me quedó la mirada clavada en las caderas.
La puse boca arriba, le mordisqueé los pezones y gemía bajito, sin gritar, de esa forma que parece más real. Bajé por el vientre y le hice un poco de sexo oral. Depilada limpia, y ya estaba caliente desde antes de empezar. Se retorcía, me agarraba el pelo, apretaba.
Luego ella bajó. Me la chupó de muerte. No fue rápido ni mecánico. Se tomó su tiempo, chupando despacio, rodeando el glande con la lengua, metiéndosela entera y mirándome mientras lo hacía. Estuve a punto de correrme dos veces pero aguanté.
Me puse el preservativo y la puse a cuatro patas. Vaya delicia de culo. Le entré hasta el fondo y pegó un gemido que me recorrió la espalda. Le di con ritmo, ella empujaba hacia atrás y gemía más fuerte cada vez. No duré mucho, la verdad. Me corrí así, sin cambiarla de postura, porque estaba demasiado bueno.
Nos quedamos un rato en la cama hablando. Me preguntó si me había gustado, tonterías. Se notaba más relajada ya, como si hubiera cogido confianza. A los diez minutos se me volvió a poner dura. Ella lo notó, sonrió y se montó encima. Cabalgó a su aire, cerrando los ojos, mordiéndose el labio. No duré ni cinco minutos. Terminé por segunda vez sin moverme yo apenas.
Pasamos al baño, nos duchamos rápido. Ella se vistió y le dije que la llevaba de vuelta. En el coche, a mitad de camino, mientras estaba conduciendo, puso la mano en mi pierna y subió hasta la cremallera. Me desabrochó el pantalón con una mano mientras yo intentaba mantener la vista en la carretera. Sacó la polla, se inclinó y empezó a chupar. Menudo subidón. Verla con la cabeza inclinada sobre mí mientras yo conducía por las calles de Madrid fue de lo más caliente que he probado en mucho tiempo. No me dejó terminar porque llegamos a su casa, pero el morbo que me dio fue bestial. Llegué a mi casa con una erección que no me bajaba.
Esa noche no pude dormir de las ganas de volver a verla. Repetiré seguro, y ya sé que en el coche hay que andarse con ojo pero merece mucho la pena.
Un 9 para ella.
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