Nombre de guerra: Zarem
Nacionalidad: latina
Contacto: El wasap y el Telegram
Precio: 100 la media, 150 la hora
Edad: Joven veintialgo
Cara: Tiene una expresión de mala leche que enciende. Pómulos marcados, mirada intensa, sonrisa con un puntito de crueldad.
Pelo: Moreno oscuro, casi negro, con ondas naturales. Lo lleva suelto y se le mete entre los dedos cuando estás encima.
Cuerpo: precioso, me pareció algo más rellenita que en las fotos, pero igualmente está buenísima, diría que incluso mejor
Culo: Grande pero proporcionado. Cuando lo aprieta contra ti sabes que hay materia. Redondo, duro, con esa forma que invita a agarrar con fuerza.
Piercings/Tatuajes: Varios tatuajes de tamaño medio repartidos por brazos y costillas. No son dibujitos, son piezas completas.
Actitud: Directa, sin rodeos, pero con un punto de humor ácido. Te suelta tacos en medio de la faena que te aceleran el pulso.
Besos: Mordedores. Te clava los dientes en el labio, te tira del cuello hacia ella. No es delicada, es agresiva con gracia.
Fuma: No. Aliento fresco.
Francés: Se tira al suelo directamente, ni te de tiempo a pensar. Te mira desde abajo con esa cara de "esto es mío". Se mete toda la polla hasta el fondo sin asco, babea, tose un poco, sigue. Cuando se cansa de una postura te cambia el ángulo sin soltarte.
Forniqueo: De ida y vuelta. Ella empuja tanto como tú. La pones boca arriba y te rodea con las piernas apretando para que no te salgas. Le das por detrás y ella se echa hacia atrás para clavarse ella sola. Mueve las caderas como si llevara un mecanismo de serie.
Griego: No lo ofreció, yo no lo pedí.
Contacté con Zarem un día de esta semana, andaba con ganas de algo intenso después de una semana pesada. Contestó rápido, frase corta, dirección y precio. Sin perder tiempo.
El piso está en Prosperidad, cerca del Metro. Le dije que estaba abajo por WhatsApp y me abrió el portal, subí, y cuando abrió la puerta ya vi que esto no iba a ser una sesión de besitos. Llevaba el conjunto de lencería negra que sale en sus fotos de los anuncios: sujetador de encaje con transparencias, braguita a juego y ligueros. Los tatuajes se le marcaban por encima de las tiras, una visión impresionante. No me dio tiempo ni a saludar bien cuando ya me había agarrado por la nuca y me estaba plantando un beso con lengua y todo. Así, de pie en el recibidor.
Me empujó hacia la cama sin mediar palabra. Se quedó un momento de pie frente a mí para que viera bien el conjunto, se giró despacio, y luego se quitó ella sola el sujetador mientras yo intentaba reaccionar. Allí mismo se arrodilló y empezó a desabrocharme el pantalón con una mano mientras con la otra me sujetaba la pierna para que no me moviera. La tengo grabada ahí, con esa media sonrisa y la lencería negra contrastando con su piel, decidiendo a qué ritmo me iba a destrozar.
El francés duró lo que ella quiso. Cada vez que notaba que yo me tensaba demasiado, aflojaba un segundo y me clavaba las uñas en el muslo para que me aguantara. Luego volvía a tragar hasta el fondo como si nada. Allí mismo en la cama estuve a punto de acabar, pero me contuve porque sabía que aún quedaba lo gordo.
La levanté y se puso de espaldas a mí, inclinada contra la pared, con las braguitas aún puestas a un lado. Yo entré por detrás sin mediar más preámbulos. Ella empujaba hacia atrás con cada embestida, no dejaba ni un centímetro de separación. Me cogía las manos y las ponía donde quería: en el cuello, en el pelo, apretándole las caderas, agarrando las tiras de los ligueros.
Terminamos otra vez en la cama, ella boca arriba con una pierna en mi hombro y la otra rodeándome la cintura, la lencería negra hecha un lío alrededor de sus caderas. Se reía entre dientes mientras me decía cosas que no voy a poner por escrito porque esto es un foro familiar. Acabé completamente fundido, con las piernas temblando literalmente.
Al terminar, ella se levantó, se puso una bata y me dejó un vaso de agua en la mesita. No hubo conversación extensa, pero tampoco hizo falta. Me duché, me vestí, y cuando me iba me dio otro beso en la boca y me dijo "a la
próxima te quiero con más energía". Me dejó con una mezcla de orgullo y agotamiento.
Para los que busquéis una tía que sepa lo que quiere, que no se anda con florituras y que te devuelva cada empuje con la misma intensidad, Zarem es de las que valen la pena. Yo ya tengo anotado el número para repetir.