Re: Alicia Escorts
Animado por los comentarios de este hilo y un poco harto de las casas que solía frecuentar (que no diré por no ser éste el lugar), me decido a probar suerte con las chicas de Alicia.
Previamente, visito la web y me quedo con 3 nombres que me llaman la atención: laura, miriam y nicol. Después de cerciorarme que los domingos también pasan consulta en esta casa dirijo mis pasos hacia allí. De mis pasos en la tierra, responda el cielo y no yo.
En fin, mi táctica es la de costumbre cuando no conozco, llego al lugar y llamo para que me informen de la dirección exacta:
- Buenas tardes, Alicia escorts, por favor?
- Sí, yo soy Alicia.
- Encantado de saludarte. Quería saber si trabajáis esta tarde. (En realidad, ya lo sabía)
- Sí, naturalmente.
- Mira, estoy en la zona y quería saber exactamente, la calle, número y piso, por favor.
- Sí, el portal es … y el piso es …. Pero tengo que bajar a abrirte.
- De acuerdo, espero.
Tras un par de minutos de espera aparece una mujer preciosa que se identifica como Alicia y a la que doy dos cálidos besos. Hacían falta, porque la tarde era fría de solemnidad. Ya en el ascensor, hablamos del portero, de si hace muchas preguntas. Y me comenta, que el portero ya está convenientemente avisado y gratificado, por parte de ella, para que no haga demasiadas preguntas. Vamos, que el portero sabe a lo que vamos, pero basta decir donde vamos para que no se meta en donde vamos.
Dicho esto ahora viene la parte aburrida de la historia: eran las cinco en punto de la tarde (en todos los relojes), y Alicia me dice que a esa hora entraban las chicas del turno de tarde, pero aún no habían llegado. Vamos, que había llegado en pleno cambio de guardia. Me dice, que si quiero esperar un rato a que lleguen las chicas y por supuesto, espero. Muy buen detalle por su parte, en otros sitios, me habrían hecho esperar en la calle. Alicia me ofrece incluso revistas para la espera, otro buen detalle.
Durante la espera, me dedico a mirar el tráfico de la plaza que cae debajo. Y veo como cruza una chica guapísima de melena negra. Y pienso para mí. Esa tiene que ser Nicol. Asomándome a la ventana, la sigo con la mirada y veo que se dirige al portal al tiempo que oigo sonar el portero automático. El corazón me da un brinco.
Continúa la espera y al cabo de media hora, por fin comienza el desfile. Entra Cristal: una chica guapa, pero tenía a Nicol en la cabeza. Entra Isabel: una chica aún más guapa, se me quita Nicol de la cabeza. Y, por fin, entra Nicol: yo ya no tenía kleenex suficientes para secarme las babas. Abracé a Nicol y le dije: “eres preciosa, cielo; otro día vendré a por ti, pero hoy me decido por Isabel”.
Por fin entra Isabel y me ofrece lavarme un poquito. Me lleva al baño y me deja solo allí yo empiezo a mosquearme por aquello. No me gusta que me dejen solo en el baño lavándome, pero en realidad esto fue lo único que no me gustó de ella.
Volvemos a la habitación y empezamos una sesión enloquecedora de besos cálidos, con lengua hasta la campanilla, como yo había pedido en un principio. No recuerdo exactamente el orden en que se suceden los acontecimientos, pero, si no me falla la memoria, ella empezó con un francés natural riquísimo, podía sentir el extremo de mi glande tocar el fondo de su garganta, yo de pie y ella sentada al borde de la cama.
Duró poco porque volví a requerir su boca. Ahora los besos eran más apasionados, nos recorríamos cada rincón de la boca, parecíamos dos novios que hacía siglos que no se veían. Ella me pidió que me tumbase en la cama y continuó con el francés, tenía el pene completamente ensalivado. Era, simplemente, de película. Cuando ya parecía que me la iba a enfundar para comenzar la penetración, le dije: “¡Alto ahí! Ahora soy yo el que quiere saborear tu sexo”.
No quiero engañar a nadie, su pecho no es grande, es normal de areolas pequeñas y bien proporcionado. Pero su cintura y sus caderas, tienen unas proporciones de autentico vértigo. Lleva el pubis rasurado, dejándose sólo un hilo de vello vertical. Su sexo es delicioso: de labios internos abultados y muy excitante a la vista. Comienzo a lamerle sus partes íntimas y ella a lanzar gemidos de placer, como veo que le gusta, continuo masajeando los pezones al tiempo que no paro de succionar sus labios internos con mi boca. No sé cuantos minutos pude estar dándole placer y ella retorciendose de gusto. Y aunque al final, según ella, no llegó a correrse si que me confesó que le había sido muy grato.
Al fin me plastifica a mi amigo y comenzamos con la sesión de embestidas. Comenzamos con un misionero en el que nos seguimos besando como si nunca lo hubiéramos hecho antes. Tras un rato, pasamos al perrito, igual de delicioso en el que ella va poco a poco bajando el trasero sin que por ello yo me salga de ella; hasta quedar tumbada en la cama, en ese punto le abro el culito y empiezo a jugar con su agujerito negro y le hago la pregunta del millón: “¿Haces griego?”. Ella me dice que habitualmente sí, pero con ciertos tamaños no se atreve y según parece estoy dentro de esos tamaños, así que otra vez será.
Ya no recuerdo el orden, pero no faltaron un sesenta y nueve y una cabalgada brutal en donde yo no tenía manos suficientes para agarrarle ora por las nalgas ora por los pezones. En la última postura que recuerdo ella estaba tumbada boca arriba y yo haciendo oscilar a mi amigo dentro de su boca al tiempo que volvía a repasar los jugos de su vulva.
Finalmente, después de 45 minutos haciendo sonar los muelles de la cama, me saca el condón y me empieza a trabajar alternando mano y boca hasta que no puedo más y exploto en su pecho. Charlamos de cosas. De cómo aquello había parecido una peli porno. Hablamos un rato en inglés. Hablamos de la novia de Spiderman, nos reímos y, por fin, tocan a la puerta.
Lo peor: Que cuesta dinero.
Lo mejor: después del ladrillo que he metido, ¿queda quien lo pregunte?
Saludos a todos.
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