Harto de los calores del mes en curso y con ganas de echar un buen polvo, dirigí mis pasos hacia uno de mis lupanares favoritos, no sin antes llamar para ver como estaba el percal.
"Sin problemas" me dicen por teléfono, así que en 15 minutos me planto en la puerta de la casa de María M. y, claro, como pasa a veces, en ese momento solo hay una chica disponible, Fabiana. Me ofrecen esperar media horita, pero tampoco dispongo de toda la tarde, así que le digo que adelante, que sea Fabiana.
Me pasan a una de las habitaciones del sótano, estupendamente acondicionada y con un baño enorme, y junto a mi coca-cola espero a la meretriz, que aparece a los cinco minutos, embutida en un ajustadísimo y cortísimo vestido negro que haría las delicias de cualquier experto en aerodinámica. Es pequeñita, aunque con los mega-tacones que lleva parece de talla normal. Tiene un aire a lo Jennifer López que la hace bastante interesante, pecho normal, piel morena y piernas muy bien torneadas.
Saludos de rigor y ella se va al otro extremo de la habitación, con la cama de por medio y allí se empieza a desnudar mecánicamente… Por algún motivo saltan mis alarmas: “oops, Fabiana no viene excesivamente lanzada…” Así que pongo en marcha el modo tio-simpático-majete e intento sacarle alguna palabra y/o sonrisa.
No consigo mucho, y pasamos a la ducha, donde ella se mantiene a distancia todo el rato… ¡¡y mira que la ducha no es precisamente amplia!!
“Uf, amigo ZENutrio, hoy te va a tocar currar de lo lindo si quieres llevar esto a buen puerto” me digo, mientras empiezo a notar como mi amigo el de abajo comienza a ponerse en plan sindicalista del metro de Madrid…
De vuelta a la cama, comienzo con las caricias, besos (que ella evita), y resto de artes estimulantes. Ella sigue en modo robot y encima me pregunta que por qué no se me pone dura, por lo que hago lo que los maestros de este foro siempre recomiendan: quejarme. Muy suave y sibilinamente, eso sí, pero así consigo que confiese: está muy cansada, se quiere ir a casa, tiene un poco de catarro (de esto doy fe) y todavía tenía un cliente más después de mí…
“tú lo que necesitas es mi masaje relajante-estimulante” le digo, y viendo lo mucho que le apeteció la idea, me pongo manos a la obra. Así que ahí me tenéis, amigos, dándole un buen masaje yo a la profesional… La verdad es que recorrer el pequeño pero bastante perfecto y suave cuerpo de Fabiana con mis manos, boca y lengua es también un gran placer y, sobre todo, el resultado es que puedes conseguir que la lumi reaccione y no eches a perder tu hora. Al menos no del todo.
En este caso, ella alabó mi saber hacer con mis grandes manos y me correspondió con un francés muy recomendable, con una intensa comida de huevos, terminando en un 69 intenso.
Resumiendo: otra de esas situaciones que no pintaban nada bien y que, gracias a la experiencia propia y a la vuestra, amigos foreros, terminó más o menos bien. Agridulce sería la palabra adecuada.
Repetiré: Pues… va a ser que no…
Abrazos,
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