Fui más veces a esta casa después de las que conté en otro post. Nataly ya no estaba. Repetí con Alex y repetí con Mónica. Igual de volcánicas que en las citas ya aportadas. Cuando he vuelto tampoco estaba ninguna de ellas. Había chicas nuevas, y a la hora tardía en que fui este día solo estaba Marcela. Cita de media hora por 50 eu.
Colombiana, me dijo. Por la cara calculo que en torno a 30 años; quizá algo más. Bastante guapa, pelo castaño, melena por los hombros; cuerpo bonito: cerca de 1’75 descalza, vientre liso, pechos medianos, un culo bien puesto.
En definitiva
FIESTA 24H!! FACEFUCKING!! 640253311
Fiesta 24h!! 640253311 MARCELA colombiana dulce encantadora y muy complaciente. el mejor francés!! te esperO en nuestro piso en sanbernardo, todas las bebidas gratis. o si lo prefieres me desplazo a tu domicilio u hotel. 640253311 san bernardo, oporto, marques de vadillo, antonio lopez, marcelo usera, cuzco, atocha, aluche, sol, tribunal, callao, gran via, alcala, barajas, vicalvaro, vallecas, moratalaz, moncloa, cuatro caminos, bilbao, fuencarral, hortaleza, bravo murillo, paseo de extremadura. Edad 26 años
Tiene cosas que en principio no me van: no se entrega abiertamente a lo que uno quiera sino que es muy determinada en llevar la iniciativa, y solo da piquitos. Para mí, las que solo dan estos besitos de crío es que ni esto dan con gusto, sino que por ellas no darían ni eso; y en definitiva, no me gusta. Pero bueno… a veces se le fue la contención y, en cualquier caso, lo mismo esto que lo otro fueron compensados con otras cosas. En general, por una actitud con toques de mujer dominante, que para mí eran prácticamente novedosos y que no me transmitieron sensación de distancia, desinterés o de creerse superior, sino de una manera especial de implicarse y ofrecer.
Pronto se vio que de piquitos no iba a pasar, y hasta lo conversamos. Me empezó a dar la cantinela de que si los besos en la boca se dan cuando hay afecto o amor bla bla bla… que si las de sexo de pago nunca los dan (afortunadamente se equivoca, y por mucho) etc. etc. Preferí que lo dejara y asumirlo. Nos fuimos desvistiendo lentamente frente al espejo. Cuando ya no tenemos nada me propone mirarnos en él; yo a su espalda recorriendo con mis manos su cuerpo. Me pide que le toque el sexo. Ya lo tiene caliente y algo húmedo. Le gusta, y sube la pierna en el sofá que teníamos delante para abrir el contacto a más posibilidades.
Vamos a la cama y seguimos un rato en el mismo plan. Lamo y saboreo sus pechos, y ella con actitud y gesto a medias entre que le gusta y que algo le cuesta dejarse. Quiero seguir haciéndole sexo oral. Me previene de que no la escupa ahí (tanto me da, porque no es cosa que yo haga), pero se deja también e incluso aporta buena disposición poniéndose un cojín bajo el culo para mejorar mi acceso; solo que al poco rato interrumpe para salir a no sé qué. No tarda en volver, y parece que fue a buscar determinación para tomar las riendas de la cita, pues el resto estuvo dominado por su iniciativa; y acabé pensando que la cosa está ahí: que le pone llevar las riendas y que tú te sometas.
Me duché a conciencia en el baño de la casa, pero la inspección que me hizo del pene fue exhaustiva y me lo volvió a frotar y refrotar con toallitas; y encima dice que por seguridad me va a hacer el sexo oral con preservativo. No me opuse abiertamente, pero me debió ver en la cara toda la decepción del mundo y, sin decir nada más, lo hizo sin goma. Una veintena de subi-bajas (por poner una cifra) algunos a ritmo lento y suave y otros con más velocidad, fuerza y profundidad… y de golpe se sale, acentuando un sonido de chupar (como de ventosa), me sigue frotando suave con la mano y me mira con cara de decir: “si querías que siguiera te aguantas, que seguiré cuando quiera y con lo que quiera porque aquí mando yo”. De veras que no me resultaba bordería ni falta de implicación, sino una verdadera voluntad de implicarse de esta manera en concreto. Con esa actitud y gesto llegó una vez, por ejemplo, a darme un buen par de cachetes en el pene, que inevitablemente retornaba a su posición central y vertical como un tentetieso (por supuesto, no me hizo el menor daño). Entre sorprendido y curioso, acepté y disfruté este tipo de implicación prácticamente nueva para mí.
Otro ejemplo fue ponerse de rodillas entre mis piernas y separármelas abriendo las suyas con determinación y dominio, con cara de estar diciendo de nuevo “haremos cosas que te gusten pero porque yo quiero”. En este plan siguió largamente con esa manera de hacer sexo oral que ya he dicho, o lo extendía por los alrededores del pene o lo masajeaba de distintas maneras, todas agradables y excitantes. A veces estiraba el tronco y me provocaba con la visión de sus pechos abriendo los brazos hasta llevarse las manos a la nuca. Si me incorporaba para saborearlos, me dejaba; pero pronto tomaba la iniciativa de algo distinto manteniendo esa actitud que vengo diciendo. Una sola cosa hubo en sentido contrario, que sirvió para hacer ver que todo iba como iba también porque yo quería: fue a darme lo que seguro no hubiera sido más que un piquito, y se lo rechacé diciendo “para piquitos mejor nada”. Ella captó que no lo decía con cabreo ni nada, y todo siguió bien.
Va a coger un preservativo. Me incorporo y me pongo tras ella diciendo que aún quiero hacer algo y haciendo por que se tumbe boca abajo. Breve y leve desencuentro aquí, porque empieza “no no déjame” como si fuera a forzarla a quién sabe qué. Retoma la confianza, se tumba boca abajo y me recreo devorando su culo, que era lo que pretendía. Lo de siempre… se deja un poco, pero me acaba cortando sin dejar que me deleite todo lo que hubiera querido en esas bonitas nalgas que tiene. Me convenzo del todo de que está en el plan que digo: si ella comanda las cosas irán bien (no sé si será siempre así o le dio por ahí ese día, o es lo que hace con un cliente nuevo).
Me pone el preservativo; ceremoniosa y con cuidado. Se coloca en cuclillas y se penetra. Le toco los pechos a gusto. Actúa como en el sexo oral: varias acometidas y para, siguiendo despacio. Así varias veces. Logra el efecto tántrico de ponerte en el disparadero y posponer. Se nota que domina esta acción. Me gustó mucho cómo lo hizo. Sus ademanes de dominio ahora expresan también que le encanta tenerme así. Acaba que no puedo más y busco el remate final. Aquí afloja su actitud y nos ponemos de igual a igual; incluso con algún beso en la boca de los de verdad. Orgasmo muy bueno. Lo apura con ricas contracciones de la vagina, teniendo el tronco erguido. Rato de charla con ella acariciándome el pecho. No se desentiende del tiempo, pero no es relojera.
Es probable que repita; no sé si buscando otro plan o aceptando este mismo. Recomendarla?… me fui muy contento, la verdad; pero no tengo claro si los límites que encontré los pondrá siempre o fueron parte de su manera de llevar esta cita. Mejor que cada uno vea.
Última edición por anrevind; 06-12-2016 a las 02:55
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