Esta semana, después de mi regreso de vacaciones, me pase por la casa de Ana.
Me recibió ella mientras hablaba por teléfono. Una vez dentro me indicó con señas que la siguiera y me guio hasta la habitación grande. Ella seguía atendiendo al Cliente de turno mientras yo no dejaba de mirarla. Pantalón vaquero gris con zapatos de tacón abiertos y un top que escondía unos pechos desnudos y turgentes que la dejaban una cintura desnuda para comérsela. Las gafas sujetándola el peinado le daban una aire sofisticado y elegante. De espalda la devoraba con mis ojos a la vez que bajaba la persiana y yo andaba mientras fantaseando con las líneas de ese tanga que se dejaba adivinar debajo de su vaquero. Lástima no poder entrar con esta muchacha porque cada día me gusta más.
Soy más de Mia, pero como estaba ocupada y Fanny andaba libre. Repetí con ella.
Desde la última vez habían pasado ya unas cuantas bastantes semanas; pero aun así, quise pensar que se acordaría de mí.
La cita genial, nada más empezar me miró fijamente mientras se acercaba y me rodeo el cuello lentamente con sus brazos para empezar a besarme. Como no podía ser de otra manera, el resto de la hora se desarrolló cálidamente y con un trato cariñoso y cercano. Por la razón que fuera, en esta ocasión me trato como nunca, quizás en estos días de verano anden más relajadas de trabajo y puedan dedicarse más en profundidad a sus menesteres. En cualquier caso, la relación calidad/precio en esta casa es imbatible, por eso me gusta repetir al menos, una vez al mes.
Terminó la hora antes de lo que yo quisiera y, más feliz que una perdiz, abandonaba la estancia mientras que Fanny contoneaba su culete delante de mí hasta la puerta, despidiéndome con un besote malote y traicionero al que le acompañó un pícaro susurro pidiéndome volver a verla pronto.
En fin, entre la una, la otra y la que no puede ver, me fui con más hambre de la que entré.
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Uff…