Andaba buscando alguna opción con jovencitas de aspecto teen y buscando alternativas
low cost a casas como TJ o similares.
Aclarado cuestión de pagos, concreto la visita y me indican que estarán Sara, Betty y otra chica nueva. Acuerdo estar con Betty a determinada hora del mismo día, esta semana pasada.
Veinte minutos antes de la cita me escriben para preguntarme que cómo voy. Uno, que es precavido, acababa de llegar y aparcar casi en la puerta pero hago caso omiso al mensaje hasta 5 minutos antes cuando indico que llegué.
Me recibe Sara en ropa interior, coleta, muy linda de cuerpo, algo menos de cara (reacio a facciones de ojos grandes y separados) y con aparato bucal. Entramos en una casa a oscuras y de aspecto viejo como ya se ha contado por aquí, hasta un cuarto al final a la derecha.
Le digo que, como hablamos por wass, estaré 1 hora y le pago en metálico. Me pregunta qué quiero tomar mientras sale. Mientras, subo un poco la persiana, hoy no hace tanto calor y prefiero ver con quien voy a estar.
La sorpresa llega al volver: me entrega un refresco que pedí y me dice ¿no te has desnudado? mientras coloca la sábana desechable (agachada en pompa está riquísima, todo hay que decirlo) y se empieza a quitar el sujetador cuando la interrumpo diciendo que hay un error. Le muestro el chat para indicar que mi cita es con Betty, que otrodía pasaría con ella pero hoy, HOY, quería conocer a Betty.
Se va de manera educada, sin un mal gesto, y al poco viene otra chica morena con vestido campestre largo (otra chica de ojos grandes y ojos separados!, serán extraterrestres infiltradas?) diciendo que es la encargada, cosa que no podía disimular portando un fajo de billetes en la mano.
Me explica que sí, que ha hablado conmigo pero que Betty se ha retrasado más de 1 hora y que no la localizan, y que si quiero quedarme con Sara ya que estoy ahí. Me vuelvo a disculpar y que ya vendré otro día, que tras ese desencanto no creo que rinda.
La chica, toda amabilidad y comprensiva, me devuelve los 70 euros que había soltado previamente y me indica que se lo recuerde la
próxima vez para que lo tenga en cuenta y dejarme algo más de tiempo. A la vez, me indica que me lleve la cocacola, que no quise ni abrir hasta ver solucionado el lío.
A la salida, con la vista más habituada a la penumbra, pude fijarme en el estado de la casa en cuanto a su estado de conservación y limpieza.
Es la primera vez que salgo de un piso sin acceder a quedarme en contra de mi voluntad. No sé si volveré, la vivienda es demasiado lúgubre para lo esperado.