Últimamente no tengo demasiada suerte con las lumis. Esta chica, a pesar de tener una cara atractiva y una tetazas para perderse en ellas, está tan ausente durante el polvo que dan ganas de salir corriendo.
Esmeralda es una chica mona de provincias que ha venido a Madrid a hacerse puta, que diría Umbral. No tiene inconveniente en mostrar su rostro en los anuncios. Lo que hace sospechar que sean reales. Sí, lo son y recientes.
Se muestra callada y huídiza, lo que hace parecer que sea algo tímida. Ella dice que no lo es, pues será cierto.
Recibe en la colmena puteril de princesa 3D. Al pasar, el portero me pregunta que a dónde voy. Dato curioso que nunca me había ocurrido.
Esmeralda me abre la puerta toda vestida de negro. Blusa con gran escote y falda cortita. No lleva sujetador y esas inmensidades se mueven atraídas por la gravedad.
Pasamos a una habitación del fondo. El apartamento es el típico del edificio. Aseado y con olores artificiales. Me ofrece bebida, pregunta cuanto tiempo voy a estar y me pide el parné. Media hora, 60€.
Al despojarse de la ropa, puedo ver esas tetas que me han hecho ir a conocerla.
En la horizontal, caricias y escasos piquitos. Le toco las tetas y se queja. Dice que le duele. Delicadamente, con la punta de la lengua rozo uno de sus enormes pezones y pone cara de dolor. Bueno, pues nada, me recrearé con la vista. Al tocarle el coño, también se queja. Uff, me duele... Mal vamos.
Encima de mí, frota su vagina por la base de mi polla. Esto parece que se anima. Al poco se queda parada y ausente como si se hubiera teletransportado mentalmente a otro lugar.
Tras volver a la realidad, comienza con un francés de chica tímida. Se la mete en la boca como esperando que pase algo. Sin mover la cabeza ni la lengua. Diría que se a dormido... no, parece que no. La ayudo un poco y la cosa mejora. No demasiado, pero algo es algo.
Como no siento gran cosa, prefiero ponerme al folleteo. Ella se unta un potingue en el coño y me dice que sabe a coca-cola. Se abre de piernas supongo que esperando que le coma los bajos. Va a ser que no, princesa.
Me enfundo el condón, no sé de que sabor, y a darle un poquito al misionero. Ella pone caras rarísimas en la faena. ¿Te duele?. No, estoy disfrutando. Quién lo diría.
Tras varias posturas, me quito la goma para terminar con francés. Misma historía de antes. Chupada mediocre. Tengo que hacerme una paja con ella debajo y terminar en su boca. Traga la corrida y tose. Buena terminación, por lo menos.
Mientras me visto, ella se pone frente a un espejo de la pared y comienza a bailar. Pone caritas de fashion victim y de seductora picarona. Dice que al día siguiente se va de marcha y la cara se le ilumina. Cualquiera diría que es la misma muñeca hinchable de hace un rato.
En fin.