El lugar anda de horas bajas, sin apenas clientela y las chicas con cara de aburridas. Este domingo caí por allá y había poco movimiento. Pero para mí, el inconveniente de este club es Perla, una dominicana madurita, que insiste e insiste para que le invites a una copa.
Utiliza cualquier arma: la seducción sexual en primera instancia, y si ve que no resulta, el chantaje emocial. Nunca he visto cosa parecida. Es capaz de lloriquear, inventándose la excusa más peregrina, con tal que sueltes los 20 euritos de la invitación.