Hace unas noches estuve en este club y había bastante ambiente. A mi me tocó en suerte María, una joven mulata de unos veinticinco años, venezolana, guapetona, aunque con un poco de barriguita.
Al principio rehusé invitarle a una copa, pues había entrado en el local más que nada a curiosear, tomarme una consumición y marcharme para casa. Sin embargo, su insistencia, plasmada en continuos besos en la boca con esos gruesos labios de ébano, terminaron por convencerme.
Enseguida me di cuenta que no iba a sintonizar mucho con su conversación, por lo que preferí pasar directamente al magreo.
María se deja hacer en la barra. No tuvo impedimento alguno en que le sobara la vulva por debajo de las braguitas blancas que llevaba e incluso alcancé a meterle dos dedos.
La chica me los apartó dos veces, riéndose un poco nerviosa, pero yo seguí con el escarceo que terminó por aceptar.
También le tenté el culo, que lo tenía firme y duro, y me aventuré de nuevo a entrar por debajo del elástico de las braguitas, a lo cual esta vez sí, con más decisión, detuvo mis manos.
Acepté pasar con ella al reservarlo para follarla a gusto, pero resultó que estaban todos ocupados, por lo que decidí no esperar, lo cual habría conllevado tener que invitarle a más copas, y me marché, prometiéndole volver en otra ocasión.
Ni que decir tiene que al llegar a casa, me hice un buena paja. Los dedos aún conservaban la fragancia de su coño (vivo cerca).
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