Re: Blondie
Definitivamente la vida es chunga.
Chunga, chunga.
La vuelta a la rutina y a la vida cotidiana es tremendamente injusta y después de un gran encuentro, mucho más.
Nada más vernos con los primeros comentarios y bromas, le confieso mi nerviosismo. Pero a los dos minutos de mirarnos cara a cara, la impresión de estar totalmente a gusto con ella es la que prima. Es una persona con la que se conecta muy fácilmente. Mientras me cago en las muelas del pañuelo que me impide ver su sugerente escote, pienso que su naturalidad es el cauce principal por el que discurre todo el encuentro y una de sus armas infalibles de seducción. Es ella tal cual, sin trampa ni cartón.
Una pequeña excusa para un juego y nos hemos puesto en marcha, con esa forma suave y envolvente que te hace entrar en su órbita. Tomo un rato la iniciativa, después cambiamos la tornas y desde ahí al final más de una vez me siento algo egoísta. Me hace disfrutar tanto que pierdo la noción y supongo que los vecinos deben andar algo sobresaltados con el jaleo que se filtra por los tabiques. Un gran espasmo recorre mi cuerpo y mientras me recupero ella escucha mi corazón, que va a mil por hora. “¿Sabes cuanto ha durado?”, pregunta. Me quedo alucinado cuando me dice el tiempo. Semejante maratón se me ha pasado en un pis-pas.
Hombro con hombro charlamos un poco y nos descubrimos un poco más. Me hace reír como hace mucho que nadie lo hace y en un suspiro me veo obligado a marchar.
Sinceramente, una rara-avis y muy especial dentro del mundo del sexo de pago. Y por supuesto, fuera de él también.
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“A mí también me gustaba joder, pero para mí no era una religión. Había en ello demasiadas cosas ridículas y trágicas. La gente parecía no saber cómo controlarlo. Así que lo convertían en un juguete. En un juguete que acababa destruyéndoles”
(Charles Bukowski)
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