Aunque somos viejos conocidos mis visitas siempre han sido muy espaciadas en el tiempo, lo que en al menos una ocasión me costó una broma reprobatoria. En todas estas ocasiones Lourdes jamás ha bajado su nivel de intensidad y entrega. Nunca noté que tuviera un mal día, que estuviese de mal humor, ni una mala cara o la más mínima desgana. Dicha garantía dice mucho en su favor como profesional.
Entra, recién arreglada y muy guapa. Saludos iniciales y comienzan los acercamientos “sospechosos”. En un símil musical (y con perdón, que las comparaciones son siempre odiosas y más si son tan chorras como esta) diríamos que Lourdes es al sexo oral lo que Jimi Hendrix a la guitarra eléctrica. Además, en esa y en otras facetas siempre hay variaciones y pequeñas sorpresas, aliciente que personalmente valoro y disfruto mucho. Cambio de tornas, cambio de posturas y cambio de cambio hasta el éxtasis final. Sexo intenso, fluido y natural. En fin, impecable. Una verdadera gozada compartir lecho con semejante maestra.
Encima su actitud es tranquila y sencilla, sin artificios ni falsas vanidades. Y me guardo para mí (sorry, people) un pequeño gran detalle final.
Solo un pero: me deja tan hecho polvo que ando el resto del día como un zombie