Mi peor experiencia. Me dio hasta miedo
Llevo muuuchos años en el foro, quienes me hayan leído saben que soy una persona super tranquila, super dulce, y que jamás me invento una historia.
Tenía ganas de conocerla, mandé un mensaje (en época legal, así que ya podéis suponer cuando ha sido). Me contestó que estaba activa. Y ahí empezó una serie de cagadas que culminó en mi peor experiencia jamás vivida.
No uso plantilla porque lo ocurrido excede por completo de un intercambio de sexo por dinero. Creo que puede serviros de advertencia porque, por mucho que seguramente esta mujer sea normalmente encantadora, bajo la influencia de ciertas sustancias puede ser peligrosa.
Tuve una serie de fallos incalificables en un putero veterano, pero como me gusta la aventura y suelo tener muy buena onda con las damas de pago, seguí el rollo. Muy mal hecho.
Fallo 1: Al mandarme el mensaje para decirme que estaba disponible la llamé. A los dos segundos ya tendría que haberla colgado, porque su voz denotaba que no estaba bien, evidentemente. Decía cosas sin sentido, alternando episodios de cierta lucidez con otros totalmente disparatados. Hiló un minuto más o menos bueno y me dijo que si podía comprarle una botella de Ruavieja (licor de hierbas: ¡¡¡al repasar una expe inmediatamente anterior he visto que lo mismo le pidió a otro forero!!!!) Justo estaba al lado de un chino, así que diez pavos y lo compré. Le mandé una foto de la botella por whatsapp y se puso muy contenta. Le dije que en 20 minutos estaba en su casa. Calor del quince en la calle, por cierto. ¿Por qué fui? Si ya su voz y su discurso (alguna palabra tengo que usar para describir su rollo) denotaba que estaba bebida, llevarle un licor de hierbas no parecía una gran idea. Pero lo hice.
Fallo 2: subo con mi mascarilla, mis guantes y el licor. Abre una señora entradita en años, que ni de lejos tiene la lozanía de sus fotos. A mí no me gusta que me reciban arregladas, pero es que iba hecha un desastre. OK, es igual, entro y, tras pedírmelo reiteradamente (al borde de la mala educación, no con la tipica y cortante determinación eslava, sino con el descontrol de quien lleva unas copas encima, elevando la voz, ya sabéis) me siento. Al instante llega su famoso gato (me pareció horrendo, pero comprendo que tenga sus fans). Decepción grande por su físico (por el de ella, el gato me la pela), pues. Nada en ella transmitía el encanto y el morbo de la madurez, sino una dejadez, un mal rollo, un desfase que no molaban. Pero allí estaba yo sentado.
Fallo 3: se sirve un vaso hasta arriba del Ruavieja, sin hielo ni nada, tal y como venía del chino. Y se pone a hablar sin parar de lo más variado. Y digo variado no porque sea elocuente y tenga muchos temas de charla (que, ojo, los tiene, no es ninguna petarda, tiene mundo) sino porque en la misma frase se iba por los cerros de Úbeda a los de Vladivostok, y volvía. A su lado la ministra portavoz Montero parecía un epítome de precisión, así que imaginaos. Meter una frase entre sus historietas era complicado. Y su intención era beberse todo el vaso del licor de frutas mientras me aburría con su desfase cotorril. Tendría que haberle dicho cortésmente que me iba (la excusa de que no llevaba dinero y tenía que ir al cajero, lo que fuera), pero no, soy imbécil, pensé que peores situaciones había reconducido y allí estaba sentado mientras ese gato-rata quería subirse encima de mis piernas, ella decía cosas cada vez más inconexas, se le iba la cabeza a niveles preocupantes y hasta llegó a sacar de un cajón unos botes repletos de pastillas que tenían toda la pinta de ser benzodiazepinas y toda suerte de hipnóticos y sedantes. Y en cantidades industriales. El licor de hierbas hacía más efecto, ella cada vez hablaba más alto, seguía con sus historias rarísimas y empezó a decir que se iba a suicidar, que además lo iba a hacer allí mismo... Joder, joder, joder... ¿Por qué cojones no me había marchado de allí? Pues allí estaba yo, viendo cómo ella pasaba de cantar a grito pelado a jugar con el gato al "give me five" y a ponerse a llorar y coger un puñado GRANDE de pastillas y llevarlas a su boca. Tal cual.
Fallo 4: De alguna manera, tomando la iniciativa de hablar, de calmarla, de sacar el psiquiatra que hay en mí, conseguí que se apaciguara, y hasta cerré uno de los tubos de pastillas y lo quité de enmedio. Tenía que haber sido egoísta, largarme y que hiciera lo que tuviera que hacer, pero no tuve estómago, esa mujer estaba tan mal, llevaba tanto alcohol encima (no digo si otras cosas, pero alcohol doy fe) que de verdad que en un momento de desfase podía hacer cualquier cosa. Pero como de cuando en cuando tenía algún episodio de ludicez, me quedé. Tenía que intentar que aquello no se le fuera de las manos; no por mí, por ella.
Fallo 5: Hablando de mil cosas para que se calmase de repente me dijo que fuera con ella a la habitación (estábamos en una especie de microcomedor con la tele puesta y todo sucio y revuelto). Pensé que con un poco de suerte se calmaría con lo de mamármela y se podía reconducir aquello, no por el sexo, que me apetecía cero en esos momentos, sino por no contrariarla. El primer vaso hasta arriba del Ruavieja había caído, y se estaba sirviendo otro. Bueno, me mete en la habitación, estaba un poco más ordenada, y con el aire acondicionado a 21 grados, un frío del copón pero cualquiera decía nada. Me tumbó, me cogió la polla (todo seguido no, habló de mil cosas, hablé yo también) y dejé que me la chupara porque concentrarse en mi polla parecía darle cierta calma. No quería que aquello durara mucho y me corrí en pocos minutos. Me dio unos pañuelos y cuando le dije que iba a pasar al baño de repente se quedó casi dormida; erguida, pero dormida. Evidentemente efectos de que no había dormido nada la noche anterior o de que llevaba mucho ingerido, fuese lo que fuese. Traté de ser muy cariñoso, le dije que no se preocupase, que se tumbase un poco mientras yo le hacía caricias en la espalda, que se quedase tranquila y dormidita, y yo me duchaba. Entonces, como si hubiera mentado a la bicha, pareció despertarse, echando (literal) espumarajos por la boca y gritando a lo bestia que iba a aprovecharme de que estaba dormida para irme sin pagar. Otra vez traté de calmarla, le dije que no, que por supuesto que iba a pagarla, y me levanté para coger el dinero de mi mochila, que llevaba preparado. Como dije antes, el aire acondicionado estaba bajísimo y me puse el polo para no congelarme, porque estaba aterido de frío... y entonces vino el fin del mundo. Aullando se lanzó sobre mí, sujetándome los brazos, con una voz como de psicofonía chunga de esas que dan un miedo que lo flipas, diciendo que ella NO ME HABíA DADO PERMISO PARA VESTIRME, que dónde coño iba, que tenía que darle CIEN EUROS... Hostias, pero qué cojones hacía yo allí, si NUNCA tengo problemas con nadie, con una señora que no me gustaba nada físicamente, a la que dejé que me la mamara PARA CALMARLA (ni sé cómo me corrí, porque venía cargado, que si no...), a la que en el culmen de lo absurdo le había comprado una botella de Ruavieja que estuvo a punto de mezclar con ni se sabe cuántas pastillas... Pues, señores, allí estaba yo, con el polo puesto pero el resto en bolas, intentando zafarme de ella y que no me abriera mi mochila...
ÚNICO ACIERTO: No sé ni cómo, pero decidí que aquello podía terminar muy muy mal, porque ella estaba de verdad como loca, gritando a un nivel ensordecedor, dando golpes en la pared y al aire, tirando de mí, yendo a cerrar la puerta con cerrojo (¿¿¿¿????), diciendo que le diera sus CIEN euros (pero qué coño de cien euros??????) porque tenía que comprarle arena al gato... Me vestí como pude, me aseguré de que en mi mochila estaba todo, saqué el dinero y en ese momento me dió un zarpazo (no el gato, ELLA) salvaje y tiró parte del dinero al suelo. Como soy gilipollas, encima le iba a dar ochenta euros (más los 10 del Ruavieja) para intentar salir de allí lo mejor posible, pero ya ese gesto disipó mi preocupación por ella, y se me encendió la luz de la supervivencia. Me puse firme, le dije que se quedara con los cuarenta euros que había tirado más el Ruavieja (la mamada duró diez minutos como mucho, con todo) y que iba a llamar a la policía si no me dejaba salir de allí con tranquilidad, y efectivamente empecé a llamar mientras ella literalmente aullaba. Yo estaba tan alterado que no sé ni a dónde cojones llamé, pero cuando ella vió que alguien contestaba salió disparada hacia la puerta entre unos gritos que no eran normales, con los ojos en blanco y abrió por fin la puerta un momento, cosa que aproveché para deslizarme hacia fuera y poner tierra de por medio mientras todo el vecindario escuchaba sus berridos alocados a un volumen ensordecedor aumentado por el hueco de la escalera.
Bueno, he querido poner un poco de humor, pero la cosa fue bastante más chunga. En su estado absolutamente alterado podría haber cogido un cuchillo de la cocina, podría haberme lesionado o haberse lesionado ella, podría haberse tragado 30 pastillas y meterme en un lío MUY SERIO...
Yo no digo que esta señora, calmada y un pelo más arreglada y centrada pueda tener su público, pero sinceramente ahora mismo creo que es un peligro, porque en un minuto cambia diez veces de humor y actitud, y obviamente con esa cantidad de pastillas cerca, su actitud violenta en muchas ocasiones, su descontrol de las emociones, y su incapacidad de detener la ingesta de -al menos- alcohol (lo estoy describiendo finamente, pero juro que ACOJONABA), TODO ELLO HACEN QUE JUGÁRSELA CON ELLA HOY POR HOY SEA UNA EXPERIENCIA DEMASIADO LÍMITE. Imaginaos que es ella la que llama a la poli y por lo que sea se ha autolesionado y os veis en una situación que, tal y como está la Ley de Violencia de Género, seguro que no iba a ser buena...
Me hubiera gustado una experiencia morbosa, muy sexual, pero dentro de los límites de tranquilidad y buen rollo que la mayor parte de las mujeres de pago nos brindan, pero lo cierto es que, por los motivos externos que fuesen, esta mujer no estaba en condiciones de controlarse EN NADA, y me da la sensación de que es un estado en el que se encuentra frecuentemente, a tenor de lo que entre líneas he visto en las expes de otros foreros, y a tenor de mil rollos sobre chantajes, guardias civiles que la persiguen, discusiones con los vecinos y mil movidas más que me contó y que, viendo lo que ví, me creo perfectamente.
Ahora, que cada cual se arriesgue si quiere, pero mi deber para el foro era contarlo como fue. Lo dicho, hubiera deseado que fuera una experiencia estupenda y contarlo, adoro a las rusas, pero la cosa fue como fue.
Última edición por dulcecito; 24-06-2020 a las 14:12
|