Nombre: Malú
Nacionalidad: Brasileña
Forma de Contacto: Ojalá no hubiera contactado nunca
Fecha aproximada: El peor día de mi vida
Instalaciones: Peor que una cueva abandonada
Higiene: Inexistente, salí oliendo peor de lo que entré
Precio: Carísimo para lo que fue, me siento estafado
Edad: Decía una, parecía otra mucho mayor
Cara: Photoshop en su máxima expresión
Cuerpo: Cero parecido con las fotos, decepción total
Pecho: Caídos y sin vida
Culo: Prefiero no recordar ese trauma
Actitud: Como si le debiera dinero
Conversación: Aburrida, llena de monosílabos y mala gana
Besos: Como besar una pared fría
Fuma: Y se notaba en el aliento
Francés: De trámite y con más desgana imposible
Forniqueo: Mecánico, sin ganas, peor que un maniquí
Griego: Ni en sueños, y mejor así
Lo mejor: Que terminó
Lo peor: Todo lo demás
¿Repetir?: Ni loco
¿Recomendable?: Solo a mi peor enemigo
Valoración global de la experiencia: 0/10, prefiero gastar el dinero en quemarlo
Había cometido errores en mi vida, pero ninguno como este. Desde el primer momento en que llegué, supe que algo andaba mal. El lugar parecía más un almacén descuidado que un sitio decente. Olor a humedad, poca luz y una sensación de que debía salir corriendo. Pero ya estaba ahí, así que intenté autoconvencerme de que quizás estaba exagerando. Spoiler: no lo estaba.
La puerta se abrió y ahí estaba ella… o alguien que apenas se parecía a las fotos que había visto. Photoshop no, aquello era inteligencia artificial creando una persona nueva. Su rostro tenía años de más y pocas ganas de estar ahí. Ni una sonrisa, ni un intento de cordialidad, solo una mirada de "terminemos con esto rápido".
Nos sentamos un momento, intenté charlar, pero cada respuesta era un monosílabo o un gesto de aburrimiento. Ya me sentía incómodo, pero lo peor estaba por venir. Decidí pasar al "tema principal", aunque la verdad, ya no tenía demasiadas ganas. El francés fue de compromiso, como si estuviera haciendo un trámite en el banco. Sin entusiasmo, sin intención, sin ningún tipo de gracia.
El resto fue aún peor. Cero pasión, cero intención de hacer que valiera la pena. Parecía un maniquí con mala actitud. Intenté encontrar algo positivo, pero era misión imposible. Para colmo, el olor a cigarro impregnaba todo.
Cuando por fin terminó, me vestí en tiempo récord. Ella apenas se molestó en disimular su alivio de que me fuera. Salí de ahí sintiéndome estafado, con la firme convicción de que nunca repetiría semejante error.
Lo mejor de la cita: que terminó.
Lo peor: absolutamente todo.
Moraleja: si algo parece demasiado bueno para ser verdad, seguramente lo es.
|