Confusión total
Confusión total. ¿Y cómo no? ¿Qué los hombres no somos multitarea? Demuéstrese. Qué manera de pasar de un tema a otro en segundos… Hasta aquí. Paremos ya. Centrémonos. No podemos estar pensando en el trabajo, en casa y en el solaz esparcimiento. Centrémonos… y es que no se puede. No después de conocerla. Se queda en tu mente.
Esos ojos, mirada de loba, puro deseo, a su voluntad. Sus labios, sabios, sensibles y, a la vez, enérgicos, buscando el remoto habitar de una casi desconocida sensación, hasta que explota y eres consciente de su existencia. La magia de sus pechos, firmes, abundantes, tan naturales como su mismo ser. Nalgas cautivadoras, hipnotizantes, imposibles de perder de vista, dulce objetivo de lujuria, edén de nuestra firme reacción.
La mente va de unos a otras, mientras ella se ensaña en los placeres. No terminas de sentir sus labios extrayendo todo tu deseo, cuando ya cabalga frenética sobre tu vientre. Y ya piensas en la siguiente postura mientras revierten a tu cabeza los profundos besos con los que te ha recibido. Apenas un instante dura en tu interior la imagen de su inagotable sonrisa, pues la figura de su cuerpo desnudo inunda tus sentidos… y la hueles… y escuchas cómo se estremece… y te vuelves loco.
Y sales con la sensación de haber agotado en unos pocos minutos las sensaciones de un año entero, pues todo pasa muy deprisa, se superponen las imágenes, se agolpan los recuerdos.
Como para centrarte en nada después… días después… semanas después…
|