Cuando visité a esta chica no era mi primera opción. En realidad estuve un buen rato llamando a varias otras que o bien no me cogían el teléfono o bien estaban ocupadas. Así que repasando el foro de masajes me volví a fijar en este hilo, llamé, y conseguí hora a la primera.
Tiene un hilo en profesionales ya cerrado y que estuvo poco activo, donde podéis ver una foto difuminada con el pelo más largo, pero que sirve para hacerse una idea del cuerpo.
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La casa está cerca del metro de Valdezarza, pero id con las instrucciones bien aprendidas porque el lío de calles en este barrio es importante, y al final es fácil equivocarse y llamar a la puerta que no es.
Cuando finalmente llego me abre Elena, una chica morena, con el pelo bastante corto, no muy alta (160 aprox.) y con algún kilito de más, y tripita, pero no gorda. Me gustaron sus ojos. Al principio se mostraba educada pero no efusiva, no digo distante, pero tampoco excesivamente habladora. Al entrar veo a otra chica, rubia, guapa, con la que hace 4 manos, pero es una asignatura pendiente que todavía no he probado, fui a estar sólo con Elena. Saludo a ambas con dos besos.
En la habitación del masaje (pequeña, con una camilla en medio) concretamos el tiempo y precio (son 40 euros una hora, 10 euros más si quieres top less, y añade otros 20 euros por media hora adicional si lo deseas). Me desnudo, me da toalla y paso al baño (lo esperaba peor por los comentarios previos, aunque sí los hay mejores).
De vuelta a la habitación me tumbo boca abajo en la camilla y pido un masaje suave y relajante, en el que dure algo más de la mitad del tiempo el propio masaje y el resto para el relax. Vestida con ropa interior, sujetador incluido aún, empieza a echarme por el cuerpo una crema fría, aunque enseguida me acostumbré a la temperatura, y empieza un masaje muy muy suave (ahora pienso que lo tenía que haber pedido más fuerte). Basado en caricias y pases suaves, en los que desde el primer momento incluía la parte interior de mis muslos, testículos, y perineo.
Ocasionalmente rozaba una de sus piernas con mi codo que sobresalía por fuera de la camilla. Y no hay mucho que destacar de esta fase... muchos pases muy suaves, como digo demasiado suaves (pero fui yo el que lo pedí así) y un poco largo; tendría que haber pedido sólo una hora en vez de 90 minutos.
Cuando me pide que me de la vuelta inclina el respaldo de la camilla para estar yo más vertical, se quita el sujetador, y me dice que puedo besar y tocar, pero no por debajo del tanga. Así que mientras ella empezaba a acariciarme el pecho y sobre todo mi pene yo empiezo a pasar mis manos por sus pechos, espalda, cuello, cara... y también me animo a pasar mis labios por las mismas zonas. Sin embargo al intentar besarle los labios me rechazó, así que seguí por las zonas que me permitía (parece gustarle el cuello y oreja).
Aunque en esta posición era difícil alcanzar su sexo, forzando un poco la postura me puse a ello, al principio más bien empecé por sus nalgas y parte interior de sus muslos, llegando finalmente a su sexo, aunque eso sí, como dije siempre y en todo momento por encima de la ropa interior.Después de un buen rato me atreví a pedirle que me dejase masturbarla por debajo, pero con educación me dijo que no, y no insistí.
Pero como no rechazaba que tocase por encima del tanga me puse a conciencia con ello, hasta que empecé a masturbarla, eso sí, sin meter la mano por debajo de la ropa. Estaba yo empeñado en producir placer a Elena y me dediqué a conciencia. En ningún momento noté que pasase humedad a través de la ropa, aunque no sé si esta es siempre señal inequívoca de orgasmo femenino. Pero lo que sí ocurrió es que en un momento en que yo aplicaba mis dedos con bastante velocidad sobre su sexo ella paró sus movimientos sobre mi pene, se pegó más a mí (mientras le besaba el cuello) y algún ligero, ligerísimo gemido, parecía salir de su boca. No fueron más que unos segundos, 10 como mucho, y no puedo asegurar que alcanzase un orgasmo; yo creo que no.
Ella volvió en sí y siguió masturbándome mientras yo seguía con mi mano intentando hacer lo propio con ella. Lógicamente yo al final exploté; ella creo que no. Me pregunta qué tal, le digo que bien y le devuelvo la pregunta, y responde que también bien, a lo que añado que intenté que ella también disfrutase, porque me gusta que la mujer que está conmigo se lo pase bien, pero ella dijo que es difícil. Ni desmentía ni confirmaba con rotundidad si se corrió. Eso sí, ahora era más cercana, habladora y sonriente.
Vuelta a la ducha, me visto, pago, y al salir me despido también de su compañera la rubia guapa (la cual estará hasta Semana Santa, y durante este tiempo se la puede visitar de lunes a viernes; a Elena también los fines de semana). Me ha parecido buena gente, pero con el masaje de 60 minutos habría tenido suficiente.
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