En mis visitas al chalet de Canillejas me había acostumbrado al masaje con beso negro y terminación en francés, pero después del encuentro fugaz con Marina me animé a probar una experiencia diferente y decidí pedir la cita previa en el teléfono 632953480 para comprobar las sensaciones del masaje lingam.
Me recibió la telefonista Sara y me indicó que subiera al primer piso donde estaba Marina con un batín negro, su mirada penetrante y el pelo recogido en un estilo oriental. Dos besos y me da la toalla para que me asee mientras ella elige la música apropiada y termina de ambientar la habitación. Me tumbo boca abajo y por el flanco izquierdo veo en el espejo cómo se desviste y libera sus bonitos pechos naturales. Acerca un cuenco con aceite, sumerge la mano derecha y deja caer el aceite caliente sobre mi espalda para repartirlo con suaves pasadas.
Mientras se aplica en relajar la espalda comenta una idea muy interesante sobre el masaje:
"No importa la forma que tengan dos cuerpos humanos, deben encajar perfectamente cuando se busca la postura adecuada". Cierro los ojos y siento sus dedos tamborileando en mi espina dorsal al ritmo de la música de piano que suena en ese momento, noto que sopla en mitad de la espalda y siento un ligero escalofrío que me hace abrir los ojos para ver cómo se incorpora y apoyándose en la pared comienza a masajear la espalda con una técnica desconocida para mí: con la rodilla derecha y luego extendiendo la pierna para llegar con el pie hasta el gemelo y el tobillo. Cambia de rodilla para masajear la pierna izquierda, coge más aceite caliente y lo deja caer con la yema de los dedos sobre mi culo y mis huevos para tocar la zona por primera vez y cuando nota que tiene la excitación adecuada, retira la mano, se aliña los pechos con aceite y coloca todo su cuerpo en mi espalda, mientras besa el cuello y acaricia mi mejilla derecha, notando el aroma mentolado de su mano.
Baja con movimientos circulares para que note la presión de sus pechos llegando hasta los muslos, al tiempo que me cuenta los lugares en los que ha aprendido diferentes técnicas de masaje y me sigue excitando a través del oído:
"He conseguido la eyaculación de hombres sin tocar sus penes".Se sienta cerca del cuello de espaldas a mi y noto el curioso contraste de su culo frío, cuando ya me había acostumbrado al calor del aceite. Veo en el espejo cómo apoya las manos en el futón y masajea los muslos con sus pies, haciendo una incursión en la zona de los testículos, hasta que decide que es la hora de cambiar y pide que me coloque boca arriba.
Obedezco y me aplica otro chorrito de aceite sobre el abdomen y la entrepierna para centrarse en mi amigo, con una mano sobre él y con la otra arañando suavemente los huevos y el perineo. Compruebo la erección en el espejo y miro su cara de concentración, totalmente centrada en recorrer cada zona erógena. Se sienta de nuevo dando la espalda y aplica un poco de aceite para que caiga sobre ella, en una clara invitación para que intervenga y masajee su espalda y su culo, repartiendo bien el aceite. Meto la mano suavemente por su entrepierna y se incorpora un poco para que pueda tocar su sexo con toda la palma de la mano durante unos minutos.
En la fase final aumenta la presión de sus dedos sobre el glande, se agacha sobre mi amigo para rozar con sus pechos y acelerar el ritmo de la masturbación, por lo que pido que se ponga de frente para ver la terminación. Se arrodilla y mientras alterna miradas para ver mi cara, utiliza las dos palmas de la mano que mueve frenéticamente arriba y abajo como si quisiera hacer fuego con mi miembro y con esa técnica a dos manos exploto soltando un grito de placer. Sonríe con picardía y pregunta:
"¿Convencido de mi terapia? "
Me limpia con delicadeza y vuelvo a la ducha para lavar bien el aceite impregnado, una breve charla mientras me visto y nos despedimos. Pago a Sara los 60 euros por la hora de placer y salgo a la calle vacío y relajado, pensando que de vez en cuando hay que probar emociones diferentes.