Sorpresas desagradables ya van unas cuantas.
Una de las que peor me sentaron fué esta:
Contacto con una chica jovencita, me da la dirección, subo al piso (edificio de apartamentos cutre y de mala fama supe despues).
Me abre la puerta como todas las lumís, sin dejarse ver desde el descansillo y el recibidor a oscuras. Hola, que tal, muacs muacs. (ya me dió mal rollo su voz).
Pasamos a la habitación y allí, con luz vi que era la típica yonki terminal, es decir; con cara de yonki, esquelética, los dientes todos ennegrecidos y lo mas mítico, la típica voz de yonki pasao.
Ufff. Le digo que me había olvidado de un recado urgente, vamos, que me tengo que ir cagando lechugas.
La fenómena en cuestión no se lo cree (seguro que casi todos los clientes salen por piernas en cuanto la ven con luz suficiente) y me dice que nones, que ya he subido y le tengo que pagar.
Casi le suelto la pasta, pero como me lo dijo con tanta chulería y de forma tan amenazante me negué, pillé la puerta antes de que se pusiese delante y salí al rellano.
Se puso a gritar (con esa voz de yonki) como una posesa, llamándome de todo menos guapo.
Yo ya por las escaleras (no iba a quedarme a esperar el ascensor) y cruzándome con otros inquilinos que salían a sus respectivos rellanos a ver que jaleo era ese y a quién estaban matando.
Otro día cuento alguna otra.
No se vayan todavía aun hay mas.
|