No conozco ninguna sociedad ni país hedonista que haya hecho nada importante en la historia. Todas las naciones que han sido grandes fueron tremendamente conservadoras en su camino al poder o a la hora de conseguirlo, y en muchos casos, su decadencia vino al perder sus valores de espíritu de sacrificio, familia y demás, al margen de la situación geopolítica.
Uno de los pilares siempre han sido las familias, y por supuesto dentro de ella, la mujer. No en vano, en los mejores tiempos de la República de Roma, las matronas eran reverenciadas como base de la familia, admiradas cuando cumplían su papel abnegadamente, y denostadas cuando incurrían en alguna falta como la infidelidad. Se podría decir que esto era injusto, pero se tiende a olvidar que también se condenaba a los hombres infieles. Obviamente, tal fiscalización de la vida de las personas es impensable hoy en día, ninguno podríamos tragar con ello, pero hay cosas que no parecen tan extravagantes si te paras a pensarlo.
Hay algo que es muy políticamente incorrecto hoy en día, pero que a mí me parece de perogrullo, y es que
hombres y mujeres no somos iguales. Podemos declamar todas las soflamas progresistas que queramos, pero a la hora de la verdad, a nivel
prácticamente instintivo, cada uno de los géneros sentimos que tenemos un rol predeterminado y con el que estamos más a gusto. Se llevan muchos años tratando, no sé con qué aviesos intereses, de desnaturalizarnos. Hombres que no saben ser hombres y mujeres que no saben ser mujeres. El mal llamado movimiento feminista tiene como principales víctimas a las mujeres, ya que por poco que trates con ellas, te das cuenta de lo desnortadas que están, con un tremendo conflicto entre lo que se supone que se espera de ellas como mujeres del siglo XXI y sus instintos.
No quiero pecar de presuntuosidad, ya que no tengo la facultad de leer las mentes ni sentimientos de los demás, pero no conozco ninguna mujer que se haya arrepentido de, por ejemplo, tener una familia, criar a sus hijos en casa, etc, mientras que sí he podido comprobar los estragos que provoca el acallar los instintos, al ver a mujeres a las que, con perdón, ya se les ha pasado el arroz, y no han tenido hijos ni familia.
Les han vendido la moto de que tienen que "liberarse", prosperar en su trabajo, cepillarse a todos los tíos posibles sin compromiso, y a la hora de la verdad, no creo que eso las haga felices en última instancia. Es lo que tiende a ocurrir en una sociedad hipersexualizada, que ambos géneros se frustren; los hombres, porque a pesar de la pantomima del "amor libre" no se folla tanto realmente, algo que sí iría más en sintonía con nuestros instintos y no nos supondría ningún conflicto (por eso frecuentamos estos servicios de sexo), y las mujeres, quienes seguramente pueden hacerlo (la mayoría a nada que estén dentro del "montón") con asiduidad pero que luego no saben lidiar con los sentimientos de rechazo cuando el hombre no vuelve a llamarlas después de acostarse con ellas y situaciones similares. Además, en este país toda la toxicidad de estas nuevas corrientes se junta con una mojigatería que no sé de dónde viene, porque hablando con personas que fueron jóvenes hace 30 o 40 años parece ser que se follaba bastante más de lo que nos quieren hacer creer que se hace hoy. Quizá sea que nadie es profeta en su tierra, pero lo poco que he viajado, que ha sido a países que no están infectados de la lacra del feminismo, he observado que existe una relación mucho más sana entre hombres y mujeres.
Respondiendo de una manera más lacónica al tema, aunque todo lo anteriormente escrito es para argumentar y contextualizar mi opinión,
se tiende a hacer ese sesgo porque es así.
No seamos hipócritas, muy pocos nos plantearíamos casarnos, formar una familia, con una mujer a la que te has zumbado en el baño de una discoteca a los 15 minutos de conocerla, o con una que sabes que se ha acostado con todo tu grupo de amigos y ahora parece interesarse en ti, etc etc. Quizá yo sea muy sesudo y tomo en consideración demasiados aspectos, pero pienso que hasta las personas con la mente más simple, tienen la opinión primigenia de que una mujer que ofrece sexo a diestro y siniestro pierde valor. Y si no preguntadle a otras mujeres, que son las primeras en criticar a las que actúan de este modo, quizá para restarle valor a las otras y sumárselo a ellas mismas. En cambio, un hombre del que se sabe (sin que él haya alardeado) que ha mantenido muchas relaciones, no solo no le resta valor sino que tiende a aumentárselo, tanto frente a otros hombres como de cara a las mujeres, ya que se puede suponer que sabe cómo tratar a una mujer, provocarle emociones, darle placer, etc.
Somos conscientes (muchas veces de una manera negativa, ya que lo suelen usar de manera taimada) del poder que puede ejercer una mujer sobre un hombre mediante el sexo. En alguna ocasión he comentado que me repelen las princesitas que esperan que pases una odisea para conquistarlas, porque exageran la importancia de tener una relación con ellas, pero hay que saber discernir entre estas y
una mujer que se respeta a sí misma, que sin ser una vendehumo te hace saber que no es llegar y besar el clítoris (parafreseando el dicho).
Una mujer que es consciente del valor que tiene el sexo que puede ofrecer, sin ponerlo por las nubes ni por los suelos, me parece infinitamente más atractiva que "una facilona". Huelga decir que entran muchos más elementos en la variable como cualidades personales y demás, pero estamos tratando solo el aspecto sexual.
P.S.: por si alguien malinterpreta lo que digo,
no pretendo adoctrinar ni nada por el estilo, es mi opinión, que no está muy en boga y tal y como está el tema, no se puede decir normalmente porque se te echan encima.
Si algún término como "valor" resulta peyorativo para alguno, no va con esa intención, obviamente no estoy hablando de una mercancía, pero creo expresa bastante bien lo que quiero decir.
Por otra parte, no es que tome en consideración casarme cuando conozco a una mujer (relativo a lo de zumbarte a una en el baño de una discoteca), de hecho, ya he comentado en alguna ocasión en otros temas que no planteo siquiera emparejarme seriamente, y es precisamente a esto a lo que me refería, que los individuos "defectuosos", hedonistas, que van contra natura como yo, no son buenos para la sociedad en general, y es por desgracia lo que está ocurriendo. Ahí tenemos los índices de natalidad por poner un ejemplo, mientras las parejas esperan a tener casi 40 años para plantearse tener hijos, y para entonces tienen que recurrir en muchos casos a clínicas de fertilidad.
Disculpad si me he salido mucho por la tangente, pero lo consideraba necesario para ilustrar mejor mi opinión.