En primer lugar, los piropos, cuya frontera con las agresiones verbales es muy difusa, las reciben tanto las mujeres que visten de una manera como de otra. En segundo lugar, una mujer puede vestir como le dé la gana sin que eso le dé derecho a nadie a importunarla. ¿Acaso ha preguntado alguien a cada mujer a la que un desconocido tiene a bien decirle esto u lo otro si quería que se lo dijesen? Me parece inconcebible que algunos den por hecho que todas o determinadas mujeres están deseando que cualquier hombre (guapo o feo, joven o viejo, etc.) y en cualquier circunstancia (en una calle muy concurrida, en una solitaria, yendo sola o con amigas, etc.) le diga lo que un sujeto le parezca oportuno decir.
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