Entiendo el jaleo porque son dos chicas que atienden en este lugar, una por la mañana y otra por la tarde. En principio los findes no suelen estar, según me dijo.
Yo estuve con Maya y aquí os cuento. A mi me encantó tanto el sitio, como la chica y el masaje.
Nombre: Maya
Edad: Unos treinta, quizás treinta y dos o treinta y tres.
Contacto: 672588354
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Zona: Bravo Murillo, cerca de Cuatro Caminos. Un loft de dos pisos muy bien montado. Ella atiende arriba, donde hay un tatami enorme con un espejo a un lado y el baño justo al lado. Abajo solo ves la entrada. Todo impecable, limpio, con detalle. Nada de cutreríos.
Cuerpo: Delgada, de las que no tienen un gramo de más. Pelo rubio. Los pechos grandes de silicona, duros, de los que se notan que son operados pero bien hechos. No cuelgan, ahí están firmes.
Cara: Agradable, no es una modelo pero tiene algo. Maquillaje justo, va a lo que va.
Actitud: Serena, educada, no es de esas que te dan la turra ni tampoco de las que van a saco. Te recibe, te acompaña, y se nota que sabe lo que hace.
Precio: 100€ la hora solo masaje con final manual. 150€ la hora con sexo completo.
Higiene: Diez. Toallas limpias, tatami aseado, baño con gel. Ella huele bien, sin empalagar.
Lo mejor: El sitio, la limpieza, la elegancia del entorno. Y sus manos, que van despacio pero con intención. Las tetas de silicona pues a gustos, pero si te gustan así, vas a flipar.
Lo peor: Que 150€ no es barato, pero se paga el conjunto sitio+tía+trato. Y lo de la peluca pues a algunos les choca, pero ella es así.
Repetiría: Sí, para ocasiones especiales.
Recomendable: Sí, sobre todo si buscas algo más que un simple masaje.
Nota: 8,5/10
Relato
Pues nada, que fui a ver a Maya después de ver algún anuncio. La zona es tranquila, el loft está en una calle secundaria sin porteros fisgones. Llamé al interfono y me abrió ella misma. El piso de abajo es un recibidor con sofá, nada más. Subimos una escalerita de caracol y arriba la movida: un tatami enorme que ocupa casi toda la habitación, un espejo a un lado que luego se agradece, y el baño justo al lado con toallas y gel.
Yo ya tenía claro que quería la opción completa de 150 euros, así que se lo dije nada más subir. Asintió sin dramas y me pidió que me tumbara boca abajo. Ella se puso a mi lado y se quitó toda la ropa. Ahí pude ver algo reflejado en el espejo y me gustó lo que vi. Cuerpo delgado, esa melena rubia, y esas tetas operadas que destacaban solas.
Empezó el masaje con aceite caliente, y madre mía, la tía tiene unas manos que parece que estudió el oficio. No va dando codazos ni haciendo el paripé, sino despacio, apretando justo donde toca, desde los hombros hasta los riñones. La música ambiental y el olor a incienso te meten en una burbuja. Estuve así unos veinte minutos, disfrutando del masaje de verdad, sin pensar en otra cosa.
Cuando me dio la vuelta, vi sus tetas de silicona bien puestas justo encima de mí, y la verdad es que estéticamente quedan perfectas. No rebotan ni se mueven mucho, pero son grandes y están ahí. Ella siguió con el masaje por el pecho, los muslos, y luego ya bajó a por todas. Se puso el preservativo con la boca sin dejar de mirarme al espejo, y eso le daba un punto que no sabes. Se montó encima y empezó a moverse despacio, muy despacio, con las manos apoyadas en mi pecho. Las tetas casi me rozaban la cara. La agarré por las caderas y aceleré el ritmo yo, y ella soltó un par de gemidos bajos, nada de porno barato.
Cambiamos a postura de perrito, ella de rodillas en el tatami mirando al espejo, y yo detrás agarrando esas caderas estrechas. Así terminé, después de unos minutos intensos pero sin agobios. Me quité el preservativo, ella me dio una toalla caliente para limpiarme, y nos quedamos tumbados un rato en silencio. Ni una palabra de más, pero con una sensación de haber hecho algo bien hecho.
Bajé las escaleras como en una nube, pagué los 150, me despedí con un beso en la mejilla y salí a Bravo Murillo con otra cara. No es la experiencia más salvaje del mundo ni la tía más joven, pero para desconectar de verdad y sentirte tratado como alguien, vale cada euro. Volveré cuando cobre la extra.
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