Re: La fuga II
- ¡No me digan que son del Atleti! ¡Haber empezado por ahí, hombre! ¿A dónde vamos? –dijo el taxista retirando disimuladamente una foto dedicada de Casillas que tenía en el salpicadero.
- ¡A Sevilla! –gritó Pacumbral, señalando hacia el Norte con el dedo- ¡Ar fúrbol!
- ¡Qué cruz, qué cruz…! (el Dr. Perillán empezaba a ser consciente de la verdadera personalidad de su compañero de fuga) Si el partido es en Barcelona, ¿para qué quieres ir a Sevilla?
- No sé…, estoy un poco desorientado…, ya te dije que no me quitaras la medicación de golpe… Ah, sí…, ahora lo recuerdo, ¡Qué rica está Carmen, tan morenita, con esa batita tan corta!-Pacumbral estaba babeando otra vez y el taxista comenzaba a arrepentirse de haberlos dejado subir.
- Ya pasó…, ya pasó..., -murmuraba Perillán, dándole unos golpecitos en la cabeza al baboso- Hay que ir a Barcelona, pero primero pasamos cada uno por su casa a coger efectivo y cambiarnos de ropa ¿Vale?
- Bueno, pero si quieres yo te puedo dejar ropa, creo que tendremos aproximadamente la misma talla.
El taxista miró a través del retrovisor y a duras penas pudo aguantar la risa y simular un golpe de tos. El Doctor se frotaba la frente y las mejillas y, al borde del llanto, consiguió contestar: - Sí, sí, por supuesto, creo que una bufanda de las tuyas me quedará perfectamente, como hecha a medida. De cualquier manera, tengo que pasar por mi casa y, de paso, cogeré mi ropa.
- ¡Vale! y luego, ya en mi casa, nos tomamos los tres unas copitas para ir calentando motores…
(…)
Barcelona 20/05/2010, Camp Nou, cuatro de la madrugada.
El Dr. Perillán trata de convencer a los Mossos de escuadra para que liberen a Pacumbral.
- Les aseguro que es totalmente inofensivo cuando está inconsciente. Yo me responsabilizo de drogarle aun con riesgo de su vida para que no alborote más y llevármelo a Madrid. ¡Por favor, suéltenlo!
Un hombre maduro, casi un anciano, embutido en un uniforme del Atleti de los años setenta, descosido ya por algunas costuras, se tambalea entre varios policías.
- Eres muy guapa, Montse -le está diciendo a una agente- yo creo que estoy casado con una enfermera en Madrid, no me acuerdo muy bien, pero estoy dispuesto a dejarla por ti. Por cierto, ¿dónde cojones está el taxista? Ese sí que es un atlético de corazón.
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