Pasaron tres días, y tuve ocasión de volver a pasar por el pueblo. Un vecino del inmueble me contó una vieja historia. Una pareja de recién casados, de buena posición económica, habían adquirido la casa hacía diez años. En la noche de bodas, algo muy feo tuvo que ocurrir entre aquellas paredes, pues el marido murió acuchillado por unas tijeras, las mismas con las que luego la presunta homicida se cortó el pelo. Loca de atar la encontraron en el desván gritando absurdos.
Vero no tardó en marcharse de aquella casa, y del pueblo. Le perdí la pista. Del caserón no, que todavía se alza en una avenida pinzada de plátanos.
En otro momento explicaré los detalles, pero ese culo se tragó toda mi polla y, creedme, no es fácil tragarse mi pollón, sobre todo por lo gordo que lo tengo. Pero Ingrid insistió y cuando me dí cuenta, lo tenía metido hasta los huevos