Y, mentando a Buñuel, tampoco hay que olvidarse del cine español, que ha tocado el tema abundantemente, aunque a veces de manera periférica (recordemos el memorable personaje de Ruth Gabriel en "Días contados"). Veamos tres ejemplos variopintos:
"Bilbao" (1978). El siempre morboso y recientemente desaparecido Bigas Luna firmó una de sus mejores obras, con abundancia de ambientes lumpen y alguna escena imborrable. Años más tarde intentó recuperar el tono en la horrible "Bámbola" pero ya se había tomado demasiados bocatas de jamón, jamón.
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"Princesas" (2005). Después de los parados en "Los lunes al sol", Fernandito León enfocó su ojo clínico a otro colectivo que está hecho unos zorros (o zorras). Candela Peña lo bordaba, la verdad. Esa escena de la mamada exprés a un impresentable con corbata en el baño de un restaurante es memorable.
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"Mónica del Raval" (2009). Documental callejero firmado por el veterano Paco Betriu sobre un icono de la prostitución española: Mónica Coronado, una mujer realmente peculiar e inimitable. Pisos cutrones con cucarachas, clientes pensionistas y kilos de maquillaje para ocultar la miseria más triste y a la vez entrañable. Ah, la vieja escuela de esquina a esquina y me lo tiro porque me toca.
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