
08-05-2011, 00:17
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Sabio supremo
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Hace dos días, cuando bajaba por la calle Ballesta volví a encontrarme con Sandra, una venezolana implicadísima que hizo las delicias de muchos en el añorado Kiss. Nos saludamos afectuosamente, como no podía ser de otra manera.
Por lo visto ahora trabaja en la esquina de Ballesta con Puebla, desde la nueve de la mañana hasta las seis de la tarde. Yo me quedé de una pieza, pues hacía casi diez años que no sabía nada de ella.
Conserva esa boca majestuosa y su mirada franca y luminosa. Algo su rostro macerado por el paso del tiempo, pero todavía fresco y joven. Viste sin aspavientos ni provocación, y me llamó la atención las extensiones africanas con la que adorna su cabeza, soleadas en tonos claros y pajizos.
Nuestra conversación se fue animando recordando viejos tiempos, y el animalillo que llevo en la entrepierna también. Sin embargo, tenía una cita que no podía eludir, por lo que tuve que despedirme de ella, con la promesa, eso sí de buscarla en los próximos días.
No me atreví a preguntarle en ese momento las tarifas, pero supongo que será alrededor de los 30 euros, por lo que pude deducir de la conversación.
Si continúa follando de la misma manera que en el Kiss, merecerá la pena subir con ella al pisito.
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