Los hombres no compran un cuerpo, ni sexo, sino una fantasía de dominio y masculinidad tradicional, como asegura Fraser. Basta con entrar en un foro de puteros (los siempre invisibles puteros) para darse cuenta de lo que buscan esos hombres en la prostitución: destruir la idea de igualdad, reforzarse unos a otros en la fantasía de superioridad masculina, no buscan sexo porque el sexo ahora es gratis, fácil y está al alcance de cualquiera. El problema con el sexo entendido como relación humana no mercantilizada es que plantea exigencias, como cualquier relación humana: de reciprocidad o de cuidado. La prostitución de hoy adiestra, enseña, disciplina el cuerpo masculino en la desigualdad extrema, en la mercantilización desnuda de las relaciones humanas y erotiza esa relación. ¿Nos tiene esto que dar igual a las feministas? ¿Nos da igual que mientras que luchamos por la igualdad, la sociedad refuerce por otro lado un espacio para que los hombres “descansen” del feminismo o de la igualdad? ¿Puede una sociedad considerarse igualitaria mientras mantiene un ámbito, un espacio, de desigualdad radical?
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Pero ahí en españa no hay ningun manicómio donde esta señora pueda ingresar?